Ya nos advertían que hacer libros implicaría, tarde o temprano, abandonar la retórica y entrar al terreno de lo literal, a la verdadera batalla de los libros. De la sátira imaginada por Jonathan Swift, donde antiguos y modernos se disputaban un lugar en los estantes de la Biblioteca Real, a nuestros tiempos en los que la sobreproducción de libros es una realidad. Literatura, negocios, desarrollo personal, divulgación y demás, peleando en librerías, bodegas, en el taller de impresión y en la lista de espera de las plataformas de autopublicación.
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La sobreproducción no es neutral
Nunca antes había sido “tan fácil” publicar, nunca antes habíamos tenido tantos libros saliendo del horno a hacer más bulto con los otros libros encima de la primera bandeja de más libros y más libros que no van a ser leídos.
Querido nuevo autor, de “la humanidad publica un libro cada minuto” (Zaid, G. | 2010), le presentamos el desborde actualizado en aumento. Hoy se estima que se publican alrededor de 1200 a 1800 libros por hora ¿está usted listo para ser uno de ellos?
Sacar tremendo dato en la reunión familiar, se los decimos por experiencia, suele despertar el entusiasmo: “pues que bueno ¿no?”. Y sí, en parte lo es. La posibilidad de materializar un libro nunca había estado tan al alcance. Pero no vamos a romantizar esta sobreproducción, todos sabemos que la destrucción de libros por exceso no es ninguna conspiración insidiosa.
El mismo Zaid señalaba que, a diferencia de otros productos culturales, el libro posee ciertas ventajas materiales para existir. “Si producir y distribuir un libro costara tanto como una película (...) el 99% de los libros no se publicarían.” (2010). Y, efectivamente, aquí están: millones de libros “circulando” estáticamente fuera de aquellas viejas convenciones editoriales que antes limitaban la publicación a unos cuantos títulos.

Publicados, no leídos
Vaya sorpresa, publicar no equivale a ser leído. Los libros se están convirtiendo en objetos materiales: adornan repisas, engrosan bibliotecas privadas o alimentan currículums en los que nadie leerá más allá del título.
La pulsión por publicar no es ninguna novedad, “¿Cuántos nuevos autores no buscan nada más que un espacio en el campo de poder al publicar?” (Bourdieu, P. | 1992). Persisten la idea de la palabra impresa como consagración, la fantasía del legado y el deseo de inmortalizarse a través del libro. No por nada “publicar un libro” sigue apareciendo entre las listas de metas personales, proyectos empresariales y demás “cosas que hacer antes de morir”. Esta pulsión está sumamente arraigada en el capital simbólico del libro, y no hay forma de que este exista si el libro nunca es abierto, si nunca se lee. ¿Estamos produciendo libros o simplemente objetos decorativos con páginas?
La mayor parte de estos libros “nunca se comentan, nunca se traducen, nunca se reeditan (...) Quedan en las bibliotecas de los amigos, en algunas librerías de saldos, en algún registro bibliográfico, no en la Historia Universal.” (Zaid, G. | 2010).
Querido nuevo autor, no estamos juzgando tu voluntad por publicar, pero sí nos gustaría saber cuál es tu intención al hacerlo. La primera respuesta suele ser inmediata: tengo algo que decir, “necesito darme a conocer”, quiero vender. Bajo la presión de las cifras, pareciera que contribuir a la sobreproducción editorial se justifica automáticamente si el libro logra colocarse en el mercado. Pero ojo, darse a conocer y vender tampoco es leer.
Tu libro no sería el primer ni el último objeto comprado para terminar arrumbado en una caja de “cosas que ya no recuerdo por qué compré”. Hacer libros como objetos de obsolescencia programada que solo se vendan no es recuperar su capital simbólico. Esta batalla es un poco más compleja.

La atención también se disputa
Y ya es verificable y completamente imposible fantasear con la idea de que todos los libros que se publican deberían de ser leídos por todos. “Si alguien lee un libro diario (cinco por semana), deja de leer 4,000 publicados el mismo día.” (Zaid, G. | 2010). Además, el libro ya no compite únicamente contra otros libros. Compite contra plataformas digitales, redes sociales, videojuegos, series, podcasts, contenidos educativos y toda la industria contemporánea del entretenimiento.
“En esta era de multimedialidad, la inflación de información y un crecimiento exponencial de datos que deben ser asimilados, indexados y monitorizados, conllevan que la atención sea el bien más escaso de este nuevo ecosistema.” (Gil, M. | 2016). Y, sin embargo, seguimos produciendo libros como si el tiempo del lector fuera infinito.
Un libro no completa su ciclo de vida simplemente al imprimirse. Su existencia material no garantiza su realización simbólica. Un libro necesita ser leído, comentado, discutido, recomendado o incluso rechazado para terminar de existir culturalmente. Necesita conversar.
Querido autor, si vas a contribuir a esta sobreproducción, no está mal, pero asegúrate de que tu libro esté dotado de las herramientas que le permitan abrirse paso entre los muchos otros, librar la batalla de los muchos libros y cumplir su propósito. Encontrar al lector potencial ya es difícil; competir por su tiempo lo es todavía más. “A medida que los medios de producción pasan a manos de los consumidores, los compradores de libros exigen mayor control sobre lo que leen y cómo lo leen.” (Wright, A. | 2009).
En estas medidas desesperadas de cifras compra-venta, pensamos que las mismas estrategias industriales van a aplicar al ecosistema del libro. En nombre de la velocidad y la producción acelerada, comenzamos a tomar decisiones pensando únicamente en la materialización rápida de la palabra impresa.

Editar frente a la velocidad
No queremos escandalizarnos ni ponernos santurrones sobre cómo la sobreproducción de libros está destruyendo el que quehacer editorial, pero a este grupo de editores nos resulta irónico que en los primeros resultados de búsqueda esas soluciones rápidas para escribir y publicar son absolutamente contradictorias con la naturaleza del libro. Como si la fuerza del capital simbólico no estuviera, precisamente, en dialogar. Tomar una pausa en la presión del segundo libro para que el primero pueda ser leído y dialogar, presentar una vez más y volver a dialogar.
Las prisas, los tiempos del capital, parece que el diálogo, ya de por sí medio inexistente, disfraza de herramienta el prescindir de la conversación humana que “quita tiempo”. En esta supuesta democratización de la cultura donde hay más libros, más autores, más voces ¿cuántos de ellos son editados con inteligencia artificial? ¿Correcciones hechas con IA, portadas hechas con IA, ediciones hechas con IA? "Quiero que la IA me lave los platos y la ropa para que yo pueda escribir y hacer arte, NO que la IA escriba y haga mi arte para que yo pueda lavarme los platos y la ropa." (Maciejewska, J. | 2024)
En septiembre de 2023, para “seguir de cerca la rápida evolución de la IA generativa y el impacto que está teniendo en la lectura, la escritura y la publicación”, Amazon Kindle Direct Publishing comenzó a regular la cantidad de libros que una sola cuenta puede publicar diariamente en su plataforma de autopublicación. Quizá hay uno que otro caso extraordinario en el que quieren registrarse varios libros previos de golpe, pero ¿registrar más de 10 libros nuevos escritos en esa misma semana? Finjamos sorpresa ¿quién podrá ser este prodigio escribiendo, editando, circo, maroma y teatro en un dos por tres? Es casi inhumano hacer un trabajo de ese tamaño ¿no?
¿Queremos leer libros escritos con inteligencia artificial? ¿Vale la pena leer libros que están completamente escritos con inteligencia artificial? Querido autor, si mañana te sumas a los 4 millones de libros publicados al día con “ayuda” de esta herramienta para ahorrar tiempo, ¿por qué alguien elegiría el tuyo?
Hace poco circulaba en Threads el caso de un autor decepcionado por la recepción de su libro debido a una portada hecha con inteligencia artificial. El autor insistía en que el interior estaba construido con su sangre, sudor y lágrimas, pero nadie pasaba más allá de la portada. ¡Bingo! ¿Acaso se preguntó cómo esta decisión afectaría la capacidad de dialogar con el lector? Un acierto la respuesta al comentario del autor Alberto Chimal, “la idea de que la IA es la única opción a tu alcance es mentira”.
La edición como conversación
¿Que ignore el diseño para valorar únicamente el texto? ¿Que ignore la materialidad completa del libro para rescatar solamente “la idea”? Entonces seguimos pensando el libro como un objeto incompleto con poca capacidad de sostener la conversación como un todo.
Vamos a recuperar el papel de la edición, no desde nuestro discurso bonito de compra-venta por “amor a los libros”, pero sí como trabajo consciente sobre el potencial comunicativo del libro, porque este es el primer paso en el que se detecta más allá de las conversación autor-libro. Si el propósito de la escritura es revelar, menciona Schierloh (2022), citando a William Carlos William, no podemos ignorar que el propio proceso de manufacturación participa en esta dimensión de revelación.
Editar también significa pensar en el ciclo de vida real del libro: cómo circula, cómo se percibe, cómo conversa, cómo encuentra lectores. La edición como respuesta a este panorama antes que propuesta obligatoria.
Si no estás buscando manufacturar un objeto decorativo de obsolescencia programada, querido lector, quizá podemos ayudarte. Y sí, esto aplica incluso para los llamados coffee table books. También ellos dialogan desde su materialidad, desde el espacio que ocupan, desde la forma en que organizan visualmente una experiencia.
“En un mundo en el que hace tiempo que los libros no parecen libros, solo valen como tales que no lo son.” (Adorno, T. | 1951) el verdadero problema no es la sobreproducción en sí, sino la producción de libros incapaces de dialogar con alguien.
Porque, al final, publicar seguirá siendo inevitable. Seguiremos escribiendo, imprimiendo y acumulando libros. Pero si algunos de ellos logran sostener conversaciones reales, encontrar lectores y ser algo más que pura decoración, desde la trinchera en la que se encuentren. Valdrá la pena, como autores, editores, diseñadores y lectores, contribuir a este caos.
Bibliografía
Swift, J. (1704). La batalla de los libros. Project Gutenberg. https://www.gutenberg.org/files/623/623-h/623-h.htm
Zaid, G. (2010). Los demasiados libros. Editorial Debolsillo, México.
Bourdieu, P. (1992) Las reglas del arte. Anagrama, España.
Gil, M. (2026). Repensar el ecosistema del libro. Trama & Texturas, Trama Editorial: https://www.jstor.org/stable/26156255?seq=5
Wright, A. (2009). The Battle of the Books. The Wilson Quarterly: https://www.jstor.org/stable/20700629
Schierloh, E. (2022). La escritura aumentada. Barba de Abejas, Argentina.